La celebración de Julio Sosa
- 18 oct 2015
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1.
De chico estaba seguro que el “yo” que volvía al despertar no era el mismo que se había retirado al dormirse la noche anterior. Me imaginaba la muerte, tenía la presunción que era algo así, volver de un sueño y despertar en otro distinto. Recuerdo el corso que acompañó el carruaje fúnebre de Julio Sosa desde el Luna Park a Chacarita, los jóvenes cacos sentados en un estribo cerca la rueda que percherones blancos hacían girar.
2.
Esta procesión fue real y también mitificada y me la relato uno de los dos cacos adolescentes sentados en ese estribo, ellos eran compañeros de pandilla del aislado segmente del barrio de la Paternal conocido como “La Isla”, por primera vez reflexiono sobre la referencia a la paternidad que tiene el nombre del barrio, y que era adolescente, huérfano y pandillero, en otro momento me conto algunas cosas que recordaba del funeral de su padre, hace años, también hace mucho tiempo que murió y yo no fui a despedirlo.
3.
Una vez paso por casa en algo similar a una intoxicación por amapolas.
La sensación era algo especial.
4
La visita era algo inusual.
Comimos bien vestidos en la mesa de la cocina, hicimos mediatarde en las veredas que rodeaban la casa, y cuando el día pasó y se disolvía la luz que daba marco a nuestra reunión decidió que ya era momento de partir.
El relator había sido baterista en una banda llamada los teenagers que copiaba a los shakers y que a su debido tiempo llego a imitar a los Beatles, más o menos en el tiempo en que se sentaran con su compañero en el carruaje de la caravana celebre que despidió a Julio Sosa.
1
Todavía creo que el que parte no es el mismo que el que regresa en la mañana.













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